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Mucho más que esperanza: El poder de la inteligencia emocional

Cuando hablamos de salud mental e inteligencia emocional, a menudo ambos términos se confunden y se solapan. Detrás de este intercambio de conceptos, existe una correlación lógica. Varios estudios han demostrado una conexión positiva entre la inteligencia emocional y la salud mental (Armstrong et al., 2011; Moeller et al., 2020; Sergi et al., 2021). Analicemos más de cerca cómo cada uno de los principales componentes de la IE puede afectar nuestra salud mental y prevenir posibles problemas.


Autoconciencia - El primer paso

Es crucial identificar y etiquetar con precisión nuestras emociones para reconocer posibles problemas de salud mental subyacentes que puedan afectar nuestro comportamiento. El primer paso para mejorar nuestra salud mental es comprender la situación y los factores personales relacionados con nuestras preocupaciones. Las personas que son más conscientes de sus experiencias emocionales pueden detectar rápidamente estos problemas y tomar medidas preventivas para minimizar futuros impactos negativos.


Autorregulación - Eligiendo una respuesta saludable

La forma en que respondemos a diferentes emociones y las estrategias que empleamos para gestionarlas desempeñan un papel esencial en la prevención de problemas de salud mental, como la ansiedad, la depresión y el estrés. La autorregulación implica controlar reacciones impulsivas, pensar de manera racional antes de actuar y evitar opciones que puedan tener un impacto negativo en nuestra salud mental, como el abuso de sustancias y comportamientos arriesgados. Este componente también está relacionado con la resiliencia, que nos ayuda a protegernos de posibles desafíos relacionados con la salud mental.



Motivación intrínseca - El impulso hacia el bienestar

Cuando encontramos un propósito en nuestras acciones, podemos utilizar ese impulso para alcanzar nuestros objetivos y mejorar nuestra salud mental. Las personas motivadas intrínsecamente tienden a ver los desafíos como oportunidades, lo que puede ayudarles a lidiar mejor con el estrés y la ansiedad. Además, encontrar un sentido de propósito puede actuar como un factor de protección contra condiciones como la depresión o la apatía.


Empatía y habilidades Sociales - Mejor juntos

Desarrollar la capacidad de comprender y empatizar con las emociones de otras personas y poseer habilidades sociales efectivas puede desempeñar un papel primordial en fomentar relaciones más sólidas y de apoyo, lo cual es un factor protector para la salud mental. Contar con un sólido sistema de apoyo social se relaciona con niveles más bajos de estrés y una mayor resiliencia. Esto ayuda a prevenir el aislamiento social, que tiene un impacto perjudicial en el bienestar mental. Por otro lado, las habilidades sociales implican manejar los conflictos de manera saludable y constructiva, lo que contribuye a reducir la angustia emocional.



Como vemos, existe una sólida relación entre la inteligencia emocional y la salud mental, respaldada por diversos estudios. Los componentes de la IE pueden tener un impacto positivo en nuestra salud mental al ayudarnos a identificar problemas subyacentes, gestionar las emociones de manera eficiente, desarrollar resiliencia y mejorar nuestras relaciones. Puedes obtener más información sobre cómo mejorar tu inteligencia emocional en este artículo publicado anteriormente.


Referencias:

- Armstrong, A. R., Galligan, R. F., & Critchley, C. R.(2011).Emotional intelligence and psychological resilience to negative life events.Personality and Individual Differences, 51(3), 331-336.https://doi.org/10.1016/j.paid.2011.03.025

- Moeller, R. W., Seehuus, M., & Peisch, V. (2020). Emotional Intelligence, Belongingness, and Mental Health in College Students. Frontiers in Psychology, 11, 499794. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2020.00093

- Sergi, M. R., Picconi, L., Tommasi, M., Saggino, A., Ebisch, S. J., & Spoto, A. (2021). The Role of Gender in the Association Among the Emotional Intelligence, Anxiety and Depression. Frontiers in Psychology, 12, 747702. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.747702


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