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El vaso medio lleno - ¿Le queda vida al optimismo?

Guerras, crisis energéticas, pandemias, cambio climático... En un mundo constantemente amenazado por eventos negativos, puede resultar mantener complicado una actitud optimista. Sin embargo, es crucial reconocer que mantener el optimismo es posible y puede tener un impacto muy poderoso en nuestro bienestar mental y emocional. Este artículo tiene como objetivo explorar los beneficios del optimismo y ofrecer estrategias prácticas para ayudarnos a preservarlo a pesar de las dificultades a las que nos podamos enfrentar.


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En su esencia, el optimismo es una mentalidad caracterizada por su perspectiva esperanzada y positiva de la vida. Las personas optimistas tienden a ver los desafíos como oportunidades de crecimiento en lugar de obstáculos insuperables. Esto contrasta con el pesimismo, donde los desafíos suelen percibirse como permanentes, omnipresentes y personales. Los optimistas creen en su capacidad para dar forma positivamente al futuro, fomentando un sentido de agencia y empoderamiento. Al comparar estas dos perspectivas, nos damos cuenta de que la forma en que abordamos los problemas tiene un impacto significativo en nuestras experiencias y resultados.


La investigación científica ha demostrado de manera consistente que cultivar el optimismo puede tener una amplia gama de beneficios. Las personas que mantienen una perspectiva optimista son propensas a experimentar niveles más bajos de estrés (Jobin, Wrosch y Scheier, 2014), tasas bajas de depresión (Schug et al., 2020) y un mayor bienestar general. Además de una mejor salud mental, las personas optimistas también se muestran más resilientes. Los estudios sugieren que el optimismo puede incluso mejorar nuestra sistema inmunológico (Segerstrom y Sephton, 2010), conducir a una recuperación más rápida de enfermedades (Scheier et al., 1989) y un aumento en la esperanza de vida (Koga et al., 2022). Esta evidencia empírica destaca el poder transformador del optimismo para promover una mejor salud y construir resiliencia.


Ante los desafíos de la vida, es posible mantener una perspectiva positiva implementando estrategias prácticas en nuestra vida diaria. Aquí hay algunas maneras de fomentar el optimismo:


  • Adopta una mentalidad de crecimiento: Ve los desafíos como oportunidades para aprender y crecer, y los contratiempos como posibilidades para desarrollar nuevas habilidades en lugar de como fracasos.

  • Practica la gratitud: Por ejemplo, puedes empezar un diario donde anotar tres cosas por las que te sientes agradecido cada día. Esta es una manera de aumentar y consolidar tu enfoque en eventos positivos.

  • Rodeate de positividad: Construye una red de contactos basasa en el apoyo y la inspiración, y pasa más tiempo en entornos que fomenten una atmósfera positiva.

  • Reformula pensamientos negativos: Desafia y cambia patrones de pensamiento negativos por afirmaciones positivas. Por ejemplo, en lugar de pensar "No puedo hacer esto", cambialo por "Lo haré lo mejor que pueda, y cada paso es un progreso".

  • Celebra pequeños logros: Reconoce y celebra incluso los éxitos aparentemente menores. Felicitate por completar tareas o hacer avances hacia tus objetivos.

  • Limita la exposición a la negatividad: Sé consciente de los medios y la información que consumes, especialmente en esta era de titulares engañosos y desinformación. Equilibra la información de noticias con contenido edificante, reduciendo la exposición a la negatividad constante.


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Seguiremos navegando en un mundo lleno de incertidumbres y adversidades, pero no se puede subestimar la importancia de mantener el optimismo. Como hemos observado, podemos incorporar estrategias y prácticas en nuestra vida diaria para crear una mentalidad positiva y mejorar nuestro bienestar general. Estas modificaciones en nuestros hábitos pueden parecer pequeñas, pero con el tiempo, pueden llevar a cambios significativos en nuestra perspectiva. Al adoptar el optimismo, no solo mejoramos nuestra salud mental y emocional, sino que también contribuimos a construir una sociedad más resiliente y compasiva.


Referencias:

- Jobin, J., Wrosch, C., & Scheier, M. F. (2014). Associations between dispositional optimism and diurnal cortisol in a community sample: When stress is perceived as higher than normal. Health Psychology, 33(4), 382–391. https://doi.org/10.1037/a0032736


- Koga, H. K., Trudel-Fitzgerald, C., Lee, L. O., James, P., Kroenke, C., Garcia, L., Shadyab, A. H., Salmoirago-Blotcher, E., Manson, J. E., Grodstein, F., & Kubzansky, L. D. (2022). Optimism, lifestyle, and longevity in a racially diverse cohort of women. Journal of the American Geriatrics Society, 70(10), 2793–2804. https://doi.org/10.1111/jgs.17897


- Scheier, M. F., Matthews, K. A., Owens, J. F., Magovern, G. J., Lefebvre, R. C., Abbott, R. A., & Carver, C. S. (1989). Dispositional optimism and recovery from coronary artery bypass surgery: The beneficial effects on physical and psychological well-being. Journal of Personality and Social Psychology, 57(6), 1024–1040. https://doi.org/10.1037/0022-3514.57.6.1024


- Schug, C., Morawa, E., Geiser, F., Hiebel, N., Beschoner, P., Albus, C., Weidner, K., Borho, A., Lieb, M., & Erim, Y. (2020). Social Support and Optimism as Protective Factors for Mental Health among 7765 Healthcare Workers in Germany during the COVID-19 Pandemic: Results of the VOICE Study. International Journal of Environmental Research and Public Health, 18(7), 3827. https://doi.org/10.3390/ijerph18073827


- Segerstrom, S. C., & Sephton, S. E. (2010). Optimistic Expectancies and Cell-Mediated Immunity. Psychological Science. https://doi.org/10.1177/0956797610362061


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